¿Quién soy?

“El Señor llevará a cabo los planes que tiene para mi vida, pues tu fiel amor, oh Señor, permanece para siempre. No me abandones, porque tú me creaste” (Salmo 138:8 NTV)

Esta pregunta de seguro te la has hecho muchas veces; yo también me la he hecho a lo largo de mi vida y cada día descubro algo nuevo de mí. Considero que para poder avanzar y establecer las metas que queremos alcanzar en la vida, debemos de saber quiénes somos como mujeres. No fuimos creadas sin sentido, al contrario, fuimos creadas para ser mujeres conformes al corazón de Dios. Solamente conociendo a Dios comprenderemos el propósito de nuestras vidas, es posible que puedas escoger muchísimas cosas en la vida, pero tu propósito está definido desde mucho antes. Piensa ahora tu vida ¿quién la define? ¿Escuchas más los comentarios de los demás y en base a ellos defines quién eres? o ¿estás viviendo como la mujer que Dios dice que eres?

Todo comienza con Dios. Fuimos creadas y formadas para ser como él. La raíz de todo problema se encuentra cuando nos desconectamos de la fuente que nos dió valor, Jesucristo, pues ya no comenzamos a vernos de la forma en la que Dios nos ve. En nuestra vida solemos darle lugar y albergar en nuestro corazón cosas que no consideramos que en determinado momento nos dañen, y por eso cuando sentimos las repercusiones de nuestras acciones terminamos sintiendo decepción e invadiéndonos de culpabilidad, hasta pensar y/o pronunciar palabras hirientes hacia nosotras mismas. Todo aquello negativo que influye en nuestra vida busca hacernos sentir que no tenemos ningún valor y que no somos capaces de conquistar y llegar a lugares altos. No se trata de ser egoísta, se trata de ser una mujer que reconoce su importancia dentro del lugar donde fue puesta por Dios para llevar a cabo ciertas tareas y cumplir Su propósito.
Hay mujeres que aún no han encontrado su propósito porque simplemente han buscado la respuesta en ellas mismas o en muchos otros lugares y no se han detenido a buscarlo desde la perspectiva de Dios. No podemos permitir que nuestro egoísmo ni el mundo determinen el destino para el que fuimos creadas. El mundo produce moldes iguales, Dios produce moldes diferentes para cumplir cada uno de Sus propósitos aquí en la tierra.

Hace un tiempo me encontraba leyendo el libro Learning to be a Woman y encontré una cita que marcó mi corazón:

“Tampoco llega a ser mujer cuando se casa, cría hijos y lava la ropa sucia. Tampoco cuando se une al movimiento de liberación femenino. Una mujer llega a ser mujer cuando es lo que Dios quiere que sea”

Para ser conformes al corazón de Jesús hay que emprender un largo viaje, en ese viaje se irá dando un proceso que puede resultar confuso, agotador y decisivo, pero ante todo esto es un proceso que es necesario pasar para ser moldeadas y andar por el camino del cual nos habíamos desviado, en busca de cubrir otras necesidades en la vida. ¿Cuál es tu anhelo en la vida? ¿Cómo vives todos los días? Tenemos una gran oportunidad de servir a Dios, de ser mujeres de influencia dentro de las esferas en las cuales fuimos posicionadas. Para Dios eres alguien especial, eres única y valiosa, Dios conoce cada área de ti, cada punto débil, cada punto fuerte. Dios te escogió, solo tienes que abrir tus ojos para darte cuenta de que este es el tiempo de despertar y reconocer quién eres para poder avanzar.

“Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé” (Isaías 43:4)

Si deseas ser una mujer conforme al corazón de Dios y has estado luchando con definir quién eres te invito a que juntas hagamos esta oración:

Dios te doy gracias porque cada día Tú has puesto tu amor y cuidado sobre mí, te doy gracias porque a pesar de que muchas veces he ignorado el propósito que tienes para conmigo hoy nuevamente me recuerdas que el plan que tienes es maravilloso y que yo soy instrumento útil en Tus manos. Señor Jesús ayúdame a buscarte, a ver las cosas desde tu perspectiva aun cuando quizás no me sienta lo bastante buena y útil. Ayúdame a estar llena de ti y no de mi misma o de los comentarios con los cuales el mundo me ha definido. Ayúdame a alejarme de cualquier cosa que me dañe o me haga sentir que no tengo valor alguno. Te pido que llenes mi corazón de tu perfecto amor y que de mi boca solo salgan palabras que te agraden a ti. En tu nombre Jesús, amen.

 

Bendiciones,

Yaileen Caba

 

© 2016 Pote de Sal

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