La voz del corazón

 Una voz interna me dice:
¡Busca a Dios! Por eso te busco, Dios mío.
-Salmo 27:8

Cuando eres hijo de pastor no siempre buscar a Dios es una opción. Me refiero a que para ciertas familias es parte de lo que tienes que hacer como miembro de una familia ministerial y punto. Eso del libre albedrío no siempre es un tema muy aceptado.

A veces nos preguntamos por qué hay tantos hijos e hijas de pastores tan perdidos aún dentro de las mismas congregaciones.  A algunos no se le ha dado la oportunidad de transitar por sí mismos este camino, que para ser honesta, no es tan sencillo como parece o como quisiera.  Si eres uno de esos, quiero que sepas que te entiendo. Aunque mi historia es un poco diferente.

Recuerdo que a mis doce años, en mi casa, mami se acerca a mí e hizo algo de lo que no podré olvidarme jamás. Ella me presentó el plan de salvación. ¿En serio? Sí, muy serio. Para algunos podría parecer algo tonto o sin sentido, sobretodo porque desde mi niñez mi vida se ha desarrollado en la iglesia. Sí, era de esas que cantaba en el coro de los niños cuando presentaban a los bebés algunos domingos, salía en casi todos los dramas de navidad, estuve en el grupo de pantomimas y hasta canté mis pistas de los Peregrinitos (Wow! jaja).

Crecí amando a la iglesia, viendo a los hermanos como mi familia y siempre tuve un excelente modelo en mi casa de lo que es Dios. Sin embargo, no se trataba de lo que ya conocía, sino de que ya me tocaba decidir por mí misma conocerlo a él. Todos los días agradezco a Dios porque les permitió entender a mis padres que lo que ellos me enseñaron de Dios es bueno y lo que día a día aprendía en la iglesia también, pero nada puede sustituir mi relación personal con ese Dios que apenas conocía.

Hoy a mis 27 años de edad, luego de esa decisión, puedo confesarles que he conocido tantas cosas de Dios que no terminarían los escritos para poder expresar todo lo que he vivido de su mano. Aún así no basta. Aún así tengo que permitirle a la voz de Dios que siga latente en mi vida, como ese día que decidí recibirlo en mi corazón.

Hoy puedo decir que no necesito motivaciones externas, ni disfrutar de buenas temporadas, ni de profetas para buscar a Dios todos los días. Hoy somos él y yo. Su Palabra es esa voz que no se apaga y que todos los días alumbra mis pasos, me educa, me inspira y me hace ser un poco mejor cada día.

Oro para que cada uno de ustedes pueda encontrarse con esa voz interior. Esa voz que sabe cuál es el camino correcto de nuestras vidas. Así como en el interior de David, en nuestro interior habita la persona del Espíritu Santo que nos consuela y nos fortalece en nuestros peores momentos. Esta es la voz que nos invita a buscar a Dios, aunque nuestro corazón esté quebrado. Esa voz siempre estará dispuesta a expresarnos lo que necesitamos escuchar y será tan fuerte, más fuerte que nuestras peores tormentas.

El Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.

-Romanos 8:26

Cuando sientas que ya no escuchas esa voz (su Palabra), tranquilo/a porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.
-Deuteronomio 30:1

 

De todo corazón,
Miredys

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