Vida = Esperanza

Hace unas semanas mientras iba camino a mi apartamento, luego de salir del trabajo, y pasé frente a un cementerio. Curiosamente todos los días paso por ahí, pero no sé por qué ése día lo miré con detenimiento y mi mente se llenó de un sinnúmero de escenas. La primera fue imaginar mi lápida; imaginé mi nombre con mi fecha de nacimiento, pero sin la fecha de deceso. Luego me pregunté qué experiencias viviría antes de llegar ese día, qué legado dejaría, entre otras tantas preguntas.  De igual forma, pensé en todos esos jóvenes que pierden la vida cuando apenas están despuntándose en este mundo, luego, con tristeza pensé en todos aquellos que parten de este mundo sin conocer a Cristo como su Señor y Salvador; e inevitablemente me llené de mucho sentimiento, mientras continuaba tras el volante.

“No hay mucho de dónde elegir, aunque «mientras haya vida hay esperanza»…” (Eclesiastés 9:4 – TLA)

Consecuentemente reflexioné: ¿Qué estamos haciendo diariamente para que otros puedan conocer a Cristo? ¿Cuántos más se irán sin conocerle?   ¿A cuántos debimos hablarle y no lo hicimos? 

Cuánto silencio se percibe en un cementerio, cuántas lápidas, cuántas historias, cuántos sueños sin cumplir, cuántas metas sin alcanzar, cuántas heridas sin sanas, cuántos “te quiero” sin pronunciar, cuántos…

Mientras continuaba con la línea de pensamiento, saltó a mi consciente el cuestionarme ciertos aspectos de los que aún estamos entre los vivos… Cuánto tiempo y energías perdemos en enojos, contiendas, rencores, orgullo, conservado apariencias, en hacer mucho ruido sin mucha sustancia, en impresionar sin transformar, en hablar sin accionar, en mencionar sin solucionar, en murmurar sin orar, en llorar sin avanzar, en quejarnos sin agradecer, en demandar sin dar, en enfocarnos en lo micro sin mirar el macro, en ver lo que me falta sin valorar lo que ya tengo, en ver el fallo ajeno sin mirar el horror propio. Dando vueltas en el mismo lugar y mientras todo eso nos ocupa, más vidas se siguen perdiendo sin salvación.

“…el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” (1 Timoteo 2:4)

Compartir el mensaje de la Cruz no se debe limitar a nuestras circunstancias. Muchas veces nuestros peores momentos traen a existencia la mejor versión de nosotros. Necesitamos hacer escuchar el Mensaje de vida y esperanza en un mundo quebrado, un mundo que muere, un mundo rebelde, un mundo necesitado, en un mundo atemorizado, un mundo que lamentablemente agoniza. 

Diariamente miles de personas dan su último suspiro sin haber recibido el mensaje de salvación… No permitamos que más se nos vayan sin conocer a Aquel que es la resurrección y la vida.

“Predica en las calles, predica en el campo, predica en las plazas, predica en tu trabajo, predica en tu casa, predica en tu barrio, predica, predica… y si es necesario abre tu boca.”

Con amor,

Su hermana y amiga Jennifer

Pd. Las fotos que acompañan el escrito las tomé en el cementerio (Oaklawn en Baltimore, MD) el cementerio que observé y dio como resultado esta reflexión.

© 2016 Pote de Sal

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