Diálogo Con Dios

Esta semana pensaba en cómo la comunicación es el fundamento para todo tipo de relación que podamos tener, y en ocasiones, lo difícil que se nos hace mantenerla con las personas más importantes para nosotros. “¿Cómo decir que las conozco, si no estoy al tanto de qué ha pasado con sus vidas?”— pensaba yo. Y es que, cuán frecuente hablen y saquen tiempo uno para el otro tiempo, define qué tipo de relación puedan tener. Aplica para todo tipo de relación: padres, amigos, otros familiares, hasta con Dios mismo, la cual es mega importante.

Siento que mi diaria comunicación con Dios es lo que me hace “sobrevivir” el día entero. ¿Sobrevivir a qué? Bueno, sobrevivir a malos ratos que pueda pasar (no todos los días son perfectos), sobrevivir a malas noticias, críticas, burlas, soledad, tristeza, ansiedad y/u otros sentimientos. Me comunico a diario para sentirlo cerca, para sentir su intervención en mi vida, porque esos momentos con Dios son claves en mi día. Mi ayuda y sustento es hablar con Él, ¡siempre! Lo que siento tal vez es difícil describirlo con palabras, pero debo decir que hablar con Dios me da, no cualquier paz, sino la paz que sobrepasa mi entendimiento. No es que tengo el Premio Nobel en comunicaciones con Dios, ¿de acuerdo? He tenido mis días distantes, donde no oro mucho, ni leo su Palabra; y el producto de ello no es bueno. Se afecta lo que hago, y sin duda, el cómo me siento.

Por eso, la Biblia nos exhorta de “Orad sin cesar” en 1 Tesalonicenses 5:17. No es que detengamos nuestras labores cotidianas, ni se trata de cuántas horas al día oremos, ni cuántas veces al día nos arrodillemos. Se trata de tenerlo en nuestros pensamientos mientras hacemos lo que hacemos, nos desahoguemos todas las veces que podamos, le agradezcamos por su bondad y alabemos su nombre. Se trata de tener un momento de “Tú y yo” con Dios a diario.

Así que te invito a hablar con Dios hoy y todos los días, a buscar un área donde tengas un momento a solas con el Padre. Él sabe todo de ti pero desea que le hables con honestidad ante su presencia. Mientras más hables con él, mejor le conocerás. No importa cómo te sientas, hablar con Dios, siempre es lo mejor.

Con amor,
Shirley

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