La verdad detrás de la maternidad

Recuerdo que, cuando recién nos casamos, le había mencionado a mi esposo que un plan perfecto sería quedar embarazada o dar a luz a los 30 años. Me negaba a pasar de esa edad para empezar a crear una familia. Sé que muchos entenderán y que no he sido la única con este pensamiento. El reloj biológico de una mujer es real, y es algo que está presente en la parte de atrás de nuestra mente que nos quita hasta el sueño. 

No solo por evitar ser una madre vieja y no poder disfrutar de mi hija en su adolescencia, llegué a esa conclusión. La mujer va perdiendo óvulos con los años, aparte de que a los 34 catalogan al embarazo como uno de alto riesgo, por lo menos en el estado en el que actualmente vivo. Por esto, muchas mujeres viven en un constante estrés de empezar a procrearse.  

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Génesis 1:28

Muchas queremos cumplir con ese hermoso propósito y privilegio con el que Dios nos creó. Sin embargo, hay otro factor que nos presiona: la sociedad. A causa de la constante pregunta de cuándo seré madre, me llegué a preguntar si realmente lo estaba haciendo porque quería o si el deseo era más por la presión social que recibimos todas. No podemos negar que la sociedad nos obliga a ser madres y nos presionan a hacerlo en un tiempo determinado, fuera de los motivos de la salud.

Finalmente, cuando anunciamos la llegada de nuestro retoño, todos nos aman, nos miman, nos cuidan mientras estamos creando vida dentro de nosotras. Sin embargo, tan pronto llega la promesa cumplida, a las mujeres nos echan a un lado. Además, nos critican por todo lo que estamos haciendo como madres. Lo sé, porque lo viví y lo sigo viviendo.

En nuestro caso, mi esposo y yo no esperamos a los tres meses –como muchos hacen– para anunciar nuestro embarazo. Tan pronto tuve mi primera cita con la ginecóloga y nos dieron la primera imagen del ultrasonido, rápidamente lo anunciamos en las redes sociales. Inmediatamente, recibimos muchos mensajes de amor, innumerables regalos para la niña y un apoyo increíble. 

Debido a que durante mis primeros tres meses tuve mala barriga, tuve a muchas personas, incluso compañeros de trabajo, buscándome cosas que podía comer. Muchas maestras me daban consejos basados en sus experiencias, como comer guineo verde, galletas de sal o Jolly Rancher. Tuve a muchas otras que llegaban a mi salón para que yo pudiera ir al baño. Fui inmensamente cuidada y apoyada por muchos durante mis nueve meses.

Cuando nació mi hija, empezó una nueva realidad para mí. Toda la concentración se dirigió exclusivamente a ella. No me malinterpreten, lo entiendo perfectamente. Ella es demasiado hermosa y estoy agradecida por todo el amor que hasta hoy le han dado. Yo también le quería dar toda mi atención y todo mi amor a pesar de lo terriblemente cansada que estaba y el dolor que sentía en todo mi cuerpo. No obstante, durante mis semanas de recuperación, comencé a sentirme sola y no apoyada. Era como que mi propósito había sido cumplido, así que ya no valíay sé que no soy la única que se ha sentido así.

Los primeros cuatro meses fueron muy oscuros y solitarios. En mi caso, toda mi familia está en Puerto Rico y acá los que están son mis primos, pero viven lejos. Aunque mi esposo tuvo sus semanas de paternidad, tuvo que regresar eventualmente, así que estaba todos los días sola con la nena. Yo también regresé al trabajo en agosto y era el poco tiempo que tenía para sentarme a corregir los trabajos de mis estudiantes. Sentía cómo la mayor responsabilidad de mi hija caía sobre mí y no tenía tiempo para trabajar ni para comer. 

Los que tienen hijos saben que cuidar a un bebé es extremadamente agotador. Demasiado. De hecho, estudios dicen que cuidar a un niño equivale a tener dos empleos y medio a tiempo completo. Sin embargo, la maternidad es algo de lo que se burlan, critican, ignoran, toman por sentado y hasta tienen la osadía de decir que no nos quejemos, que esto fue algo que buscamos, que si para esto pedimos ser madres. 

Es inaceptable que muchas personas, incluso cristianos, digan que la soledad en la maternidad es “parte de”. ¿Por qué debe ser así? Hasta te hacen sentir culpable si quieres un tiempo para ti, para bañarte bien, para comer, para dormir, para leer o simplemente para estar en silencio por un rato.

Es triste decir que sí, madre que me lees, la maternidad es un mundo solitario, aunque tu esposo esté presente; aunque vengan tus padres o tus suegros a quedarse con tu criatura un rato; aunque haya personas que digan “estoy aquí si necesitas algo”. No importa cuántas personas estén presente, la soledad pesa, sobre todo en las noches.

Hay varias cosas que he aprendido en este año que llevo como madre. La verdad detrás de la maternidad es que:

1. Te sentirás sola, no importa cuántas personas te ofrezcan su ayuda.

2. La depresión posparto es real y más común de lo que parece.

  • Saca cita con tu ginecólogo y háblale de cómo te sientes. Ellos te pueden recetar algo simple, como Zoloft (o Sertraline). Muchas estamos tomando medicamentos, así que no te sientas mal si comienzas esta jornada zoloftística (no, no es una palabra).

3. Llorarás mucho.

  • Por todo y por nada, como decía mi abuela. Llorarás al unísono con tu bebé o se tomarán turnos, pero habrá momentos en los que necesitarás llorar. Es normal, ya que tu cuerpo está atravesando por cambios que jamás había experimentado. En inglés, le llaman los “babyblues”. No sé cómo explicarlo y no sé si alguien realmente sepa.

4. Nada de lo que planificaste durante tu embarazo se hará real.

  • Les confieso que yo quería ver películas de Disney y Gilmore Girls con mi hija. Nada de eso ha ocurrido; solo vemos Blue’s Clues y Hey Bear en YouTube. (Hey Bear, 100% recomendado). Además, también había planificado leer con ella o leerle, pero tan pronto empiezo, ella agarra salvajemente el libro y empieza a pasar las páginas.

5. No te sentirás completamente feliz, aun teniendo tu mayor regalo en tus brazos y está bien.

  • No te juzgues por eso. Es normal. Has dejado una vida entera en el pasado para ahora concentrarte completamente en otra persona que ni siquiera conoces.

6. ¿Sexo? ¿Qué es eso?

  • Debido a todos los cambios hormonales por los que tu cuerpo está atravesando, incluso después de un año, la libido disminuye, por lo que tu apetito parecerá que desapareció. Habla con tu ginecólogo acerca de qué puedes hacer sobre esto, ya que muchos matrimonios no pasan a la próxima fase por esta situación. Es triste e injusto, pero real.

7. No te compares.

  • Nada. Ni tu estilo de crianza, ni tu cuerpo, ni tu matrimonio, ni el desarrollo de tu bebé, ni tu producción de leche materna. Este es nuestro mayor pecado, el de todos. Cliché, pero verdadero: La comparación es la ladrona de la felicidad. Es muy tentador, lo sé. He visitado las habitaciones de otros bebés y son hermosas. Tienen cosas que no tengo que me encantaría o me hubiese encantado tener, como una silla mecedora. ¿Falta me ha hecho? ¡Uff, sí! Dormirla meciéndola sentada cómodamente debe ser el Cielo en la tierra. Sin embargo, sé que he sido bendecida en otros aspectos con ella también, así que mi método es agradecer por lo que tengo y continuar.

Estas son cosas que me hubiese encantado que me hubieran dicho antes de ser madre y por eso las comparto hoy contigo. No entiendo por qué no hablan de esto. Solo mi prima me dijo que todo es horrible: el embarazo y la maternidad. Sin embargo, pensé que exageraba o que estaba siendo cruel.  

Sea como te sientas, sé que estás haciendo un gran trabajo, porque Dios nos hizo para esto. Sigue tu instinto y las recomendaciones del pediatra –a menos que te diga que dejes de lactar para dar fórmula. En ese caso, consulta con un especialista en lactancia. Ah, y no le des fusiones ni tés. 

No estás sola. No estás solo (en el caso de que seas padre y me estés leyendo). Hay muchos momentos bonitos, como cuando despierta con una sonrisa, o cuando te mira directamente a los ojos y sonríe porque eres su persona favorita. En esos momentos es en los que sé que todo este esfuerzo vale la pena, aunque nadie más lo vea. Dios lo ve y tu bebé sí lo ve y te lo agradece, aunque no lo verbalice. 

Un abrazo,

Isa F.

isaagosto.com

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