Miedoso no; Atrevido sí

¿Cuántos de ustedes son soñadores? ¿Han tenido sueños de alcanzar algo en específico, tal vez ahora o en un futuro? ¡Ja! Claro que sí. Unos sueñan con su futura profesión, otros sueñan con poder viajar por distintas partes del mundo… En fin, hay muchas cosas que anhelamos tener y hacer, es solo que, de repente, alguien toca nuestra puerta y lamentablemente le cedemos el paso— el miedo.
¡Cuánto me encantaría deshacerme del miedo! Según el diccionario de la Real Academia Española, el miedo es esa perturbación angustiosa del ánimo por algún riesgo o daño, ya sea real o imaginario. ¿Te ha pasado, que quieres realizar algo en tu vida, pero el miedo te interrumpe con pensamientos erróneos y falsos? Me imagino al miedo siendo ese personaje, que me aguanta cuando quiero lanzarme a un reto, y me dice al oído los posibles riesgos que yo pueda enfrentar. Entonces, si en mi mente le presto atención a esos pensamientos, ¿qué lograré hacer en la vida?

La Palabra de Dios dice en 2 de Timoteo 1:7 “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

El miedo me ha tocado la puerta múltiples veces. Cada vez que tengo una idea, o se me presenta una nueva oportunidad, de la cual pueda sacar mucho provecho, el miedo toca mi timbre. Rápidamente pienso en Moisés, cuando Dios lo llamó para que fuera él quien sacara a su pueblo de Egipto. Ante el llamado, ¿crees que el miedo tocó la puerta de Moisés? Tal vez le dijo “pero ¿cómo?, si tú eres gago, si tienes problemas al comunicarte con la gente, si eres tímido…” Muchas cosas pudieron pasar por la mente de Moisés, pero el miedo no lo detuvo. Hay veces que tenemos que tomarle la mano al miedo, y lanzarnos con él, porque la realidad es que, como humanos que somos, él siempre estará presente y querrá cumplir su objetivo. Por lo tanto, si no logro que desaparezca, me lanzo con él.

A ti y a mí, Jesús nos llamó a ser como un pote de sal, no a contener la sal dentro de nosotros y hacer nada con ella, sino a contagiar la Tierra con su amor, a publicar las Buenas Nuevas de salvación, a atrevernos a hacer cosas mayores que las que Él en la tierra realizó. Entonces, ¿dejarás tú que el miedo impida que el llamado se cumpla? No lo permitas. Sé fuerte y valiente, como un día Dios le dijo a Josué. Cuando Dios te llame a hacer su voluntad, y el miedo esté presente, lánzate con él y verás que se irá de en medio de ti, porque te atreviste a cumplir con el reto que Dios te dio. Así que, ¡descuida! No estas sólo.

Dios te dice en Salmos 32:8 (RVC) “Yo te voy a hacer que entiendas. Voy a enseñarte el camino que debes seguir, y no voy a quitarte los ojos de encima.” 

Ante el miedo, toma el momento para pensar, no en los riesgos que puedas enfrentar, sino en quién es quien te respalda y te protege. ¡Dale, atrévete! Dile al miedo “O te montas, o te montas” porque estás decidido a ir en pos de lo que Dios tiene para ti.

¡Sean bendecidos!
Shirley Figueroa

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