Sin licencia, no hay…

¿Recuerdas lo emocionante que fue el obtener la licencia de conducir? Tal vez muchos de ustedes, han tenido la experiencia de hacer el tramite para dicho documento. Yo recuerdo mi experiencia. El año en el que sabía que la podía obtener, estaba ansiosa de poseerla. ¡Era lo más que anhelaba para ese entonces! Recuerdo que, rápidamente solicité la de aprendizaje. Esperé largos seis meses, fui a tomar mi último examen que, por cierto, era el examen decisivo; y al fin obtuve la licencia oficial. Recuerdo que el primer día que salí sola en una 4Runner, me llevé enredado el retrovisor de un auto, porque estaba entre irme por un risco, o chocar el retrovisor.

Esas experiencias inolvidables… También, recuerdo mi primer ticket, por no realizar un “PARE”. Estuve tan frustrada, que de la frustración lloré, pues quitaron puntos de mi licencia, y mientras más puntos te quiten, consecuencias se avecinan, como ejemplo, el que te quiten la licencia. Desde ese entonces, tomé bien en serio hacer los “pares” en la carretera.

Hoy te hablo de esto, porque para mí, la LICENCIA y la SALVACIÓN tienen un parecido.

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1. La salvación, al igual que la licencia, tiene tu nombre escrito. Es el permiso a vivir con nuestro Padre, es el regalo otorgado por Jesucristo, para que puedas disfrutar de lo que, por él, ya te pertenece— la morada en el Reino de los Cielos.

2. La licencia se ha convertido en uno de los documentos más importantes para cualquier individuo, pues puede identificar quién eres y de dónde. De igual forma, la salvación te identifica y le deja saber al mundo entero a quién le perteneces. “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.” Isaías 43:1

Redimir, según el diccionario de la Real Academia Española, significa “rescatar o sacar de esclavitud al cautivo mediante precio”. Y, ¿qué precio? Esa salvación que tú y yo tenemos, no costó dinero, sino sangre. Fuimos lavados con la sangre de Jesucristo, fuimos rescatados de la esclavitud de nuestro pecado.

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3. La licencia va contigo en tu cartera, de lo contrario no puedes conducir. La salvación va contigo en tu corazón, de lo contrario tus chances de tener vida eterna son cero.

4. El ser irresponsable como conductor, conlleva que quiten puntos de tu licencia hasta perderla. El ser irresponsable en tu vida, desobediente y hacedor del mal, pone en riesgo tu salvación. El examen decisivo del cual te hablé en el principio, es símbolo de tu vida. Tu pase al cielo dependerá de cómo decidas vivir tu vida, de cómo salgas en ese gran examen. Para todo examen, se estudia. Para todo suceso en la vida, se aprende; y son tantas las cosas que Dios quiere que aprendamos antes de obtener el “pase” que nos permitirá entrar al cielo. La licencia se te otorgó como permiso para aprender a conducir. No naciste sabiendo ser un buen conductor. La salvación se te otorgó con el fin de que tuvieras un motivo para vivir en fe, para vivir correctamente. No naciste sabiéndolo todo en esta vida; aprendes mientras vives. En Cristo, aprendes mientras pasas tormentas.

5. El tener licencia no te hace buen conductor; es que sigas las leyes al pie de la letra. El ir a la iglesia no te hace salvo; es que día a día vivas como Jesús anduvo, y establezcas una relación con él, porque de igual forma hay leyes que seguir, si quieres seguir a Jesús. Una vez Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” Lucas 9:23. Si me preguntan qué entiendo por ese verso, diría que es Jesús diciéndome:
“Quiero que me sigas a como de lugar, con tus defectos, con tu carácter, con tu historial de pecados… quiero que des el 100% siguiéndome.”

La salvación la puedes tener hoy, pero ¿y mañana? Supongo que eso dependerá de ti. Mateo 24:36 habla de que el día, ni la hora se sabe, cuando Cristo halla de venir por su iglesia. Si Cristo viniera esta noche, ¿tienes tu licencia al día? Sin licencia, la cual es la salvación, no hay pase al cielo. Atesórala.

Dios añada ricas y abundantes bendiciones a tu vida.

Shirley

 

© 2016 Pote de Sal

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