Un toque de Dios

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Hace algunas semanas me encontraba almorzando con mi hermana en casa, y por curiosidad miré por la ventana de nuestro apartamento. Allá afuera se encontraba el señor encargado de la limpieza del complejo barriendo las aceras. Salí de casa un momento, pues necesitaba hacerle una pregunta. Después que termine de hablar con él, le di las gracias y regresé a casa. Cuando cerré la puerta, algo dentro de mí me decía que regresara y le diera un vaso de agua. Le dije a mi hermana, “Alondra, pregúntale al señor si quiere un poco de agua”, a lo que ella me contestó: “Mejor le llevamos el agua de una vez”.  Y asentí. Serví un vaso de agua bastante grande y se lo di a mi hermana para que se lo llevara. Él lo recibió contentísimo. “Gracias, Dios te bendiga”, fueron sus palabras. Una respuesta inesperada que caló muy profundo dentro mí. No conozco el corazón de este hombre, pero si de algo estoy segura es que el reconoció que Dios lo visito ese día por medio de aquel gesto.

Esta experiencia me hizo reflexionar acerca de cómo Dios anhela utilizarnos para ser vehículos de su amor y su gracia. Cuántas veces hemos echado a perder la oportunidad de bendecir a alguien porque no estamos pendientes a las necesidades que pueda haber a nuestro alrededor, o por temor a lo que otros puedan pensar de nosotros.

También aprendí que cuando Dios te dirige a hacer algo, debes ser diligente en obedecerle y hacerlo tal y como él te dice que lo hagas. Dios no me dijo que le preguntara al caballero si quería agua, simplemente me dijo que se la diera. Tampoco me dijo que mandara a mi hermana a llevárselo; aunque ciertamente ella fue parte de esta bendición, yo perdí la oportunidad de presenciar lo que Dios hizo, por no atreverme. Cuando Dios nos inquieta a hacer algo, no nos neguemos. Dios sabe más que nosotros y si le obedecemos, seremos testigos de lo que él puede hacer en la vida de otro por medio de nosotros.

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Se trata de realizar gestos espontáneos de amor y servicio a nuestro prójimo, más que para sentirnos satisfechos con nosotros mismos, para que a través de estos pequeños gestos otros puedan experimentar un toque de parte del Dios Vivo.

Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo.

Mateo 5:16, DHH

Quizás Dios te mueva hoy a dar un vaso de agua, a podar un patio, o hacer reír un niño. Hoy atrévete a ser parte de lo que Dios ya está haciendo en los corazones. Hay vidas necesitadas de un toque divino.

Dios te bendiga,

Paola Cristina


© 2016 Pote de Sal

Un comentario en “Un toque de Dios

  1. Muchas veces Dios nos inquita y perdemos la bendición pq pensamos pq a mi. Porque Dios te quiere bendecir y usar y por no creernos capaces ,el propósito de Dios no se cumple en nosotros.

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