​Láampara

Saludos y bendiciones para todos. Antes de comenzar a exponer el punto de esta semana, quiero hacer una aclaración a mis compatriotas puertorriqueños. Este tema lo llevo trabajando desde la pasada semana (pensando que me tocaba escribir el pasado viernes). Así que no piensen que el #ApagónPR fue lo que me motivó. ¡Dios sabía de antemano! Al darme cuenta de la “coincidencia” solo podía reírme.

Ahora bien, estuve unos días meditando en los primeros capítulos de 1 Samuel, y aunque estos pasajes son de mis favoritos, hubo una palabra que se marcó en esta ocasión muy dentro de mí y es la que quiero compartir, brevemente, con ustedes. Antes de Dios comisionar a Samuel sucede algo muy particular. La Palabra describe que el sacerdote Elí (quien estaba perdiendo la VISION) se encontraba durmiendo al momento que Dios llama a Samuel. Cabe señalar que ése llamado fue hecho antes que la lámpara de Dios fuera apagada (1 Samuel 3:3b).

Antes que la lámpara de Dios fuera apagada… Elí era un líder probado, tristemente su liderato estaba siendo saboteado por su propia sangre. Elí tenía dos hijos que deshonraban a Dios, el error de Elí fue hacerse de la vista larga y no corregirlos. Esta desobediencia dual acarreó consecuencias; más que Elí estar perdiendo la visión física, su visión espiritual se estaba oscureciendo. Sin embargo, mientras esto sucedía con Elí y sus hijos, simultáneamente en el mismo ambiente y condiciones se estaba levantando un nuevo profeta. Mientras los hijos del sacerdote deshonraban y desobedecían, Samuel honraba y obedecía. ¡Todavía la lámpara de Dios estaba encendida cuando Samuel fue llamado!

“El que me sigue, de ninguna manera andará en oscuridad, sino que poseerá la luz de la vida.” Juan 8:12

La luz que ésta lámpara estaba emitiendo era señal de esperanza. ¡Dios todavía es y está! Esto me hace comprender de que no importa: lo que estés atravesando, el ambiente donde estás, lo que estés viendo, la desobediencia o deshonra de gente cercana a ti, la falta de visión y pasión por personas que les compete ministrar al Señor, no importando nada; tú puedes ser visto y llamado por Dios de entre las densas tinieblas.  

“El ha resplandecido en nuestros corazones para iluminarlos con el glorioso conocimiento de Dios por el rostro de Cristo” 2 Corintios 4:6

Este es un tiempo crucial para que se levante una generación de líderes que no permitan que la presión del grupo los socave, sino que ellos sean la presión del grupo. Gente con carácter y visión; gente intencional y asertiva; gente que no ceda sino que acceda. No hay que temer, Su luz nos va a amparar . ¡La lámpara no se ha apagado, es su luz la que nos favorece y protege de este mundo en tinieblas! Necesitamos una generación que marque un nuevo comienzo, cuando Samuel es llamado hubo una marca en la historia. “Este período inició un cambio drástico en la forma del gobierno de Dios. La época de los jueces había llegado a su fin y Dios ya no actuaría a través del sacerdote. Él levantaría a un sacerdote-profeta. Samuel serviría al Señor, pero su oficio sería el de un profeta. Dios no hablaría ya directamente a un rey sino que hablaría por medio del profeta. Y así fue como Elí fue el último de los sacerdotes y Samuel, el primero de los profetas.”  Sin más, esto nos muestra que antes de que se geste un gran ministerio, vendrá una gran oposición, pero: ¡No hay tiniebla que acapare a quien Dios ampare! 

“Tú eres mi lámpara, oh Jehová, y es Jehová quien hace brillar mi oscuridad” 2 Samuel 22:29

Con amor les comparto este escrito y pido a Dios que esta lectura nos haga reflexionar y ver si estamos siendo los Elí’s de estos tiempos (lideres que están perdiendo la visión) o los Samuel (líderes que se levantan en tiempos de adversidad, desafiando las corrientes modernas). Sea cual sea el caso; ¡Hay esperanza, la lámpara aún está encendida!

Su hermana,

Jennifer Maurás

Ps. Ah, y el título no está mal escrito es Láampara, porque es la luz de Su lámpara la que nos ampara.

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 1> Amparar – Valerse del favor o protección de alguien o algo. 

2> Escuela Bíblica: Siguiendo al Maestro

© 2016 Pote de Sal

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