Puerta cerrada, corazón abierto

Una de las cosas que como personas nos puede satisfacer grandemente (creo que en esto me vas a apoyar) es ver cómo puertas se abren a favor nuestro. Al hablar de puertas, entiéndase oportunidades que en nuestro camino surgen y debemos aprovechar. Y cuando en efecto dominó surgen, abriéndose una puerta tras otra, más emocionante es y más certero podemos estar de que Dios está en el asunto.

Pero cuando no abre una detrás de la otra, o simplemente no se abre ninguna, ¿sigue Dios estando en el asunto? Déjame decirte que este escrito surge de una recién experiencia que tuve. Anhelaba una oportunidad para la cual me estaba preparando desde el año pasado; pero la puerta no se abrió. Dado a mi preparación, estaba segura de que iba a obtener lo que tanto quería. Tal seguridad, me llevó a no querer tener un plan B o C, por lo que, al encontrar mi puerta cerrada, no tuve otra más para abrir. Entonces, procede la frustración, las preguntas, los “si hubiese hecho esto…” En fin, me sentí mal por lo sucedido.

Mientras me encuentro pidiendo dirección a Dios, en una prédica, escucho su Palabra, y unos versos encontrados en Isaías 43:16 al19, me dieron paz.

“Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados. No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”.

Entonces, entendí que Dios permitiría esta oportunidad otra vez para mí. La puerta se cerró, sin embargo, tal situación no implica que la puerta dejó de existir. Está ahí, no abrió ahora, pero abrirá en el debido tiempo, porque no es cuando yo quiera, sino cuando Él así desee. Mi corazón estuvo dispuesto a recibir esta palabra con fe, creyendo que Dios me daría las estrategias para lograr que tal oportunidad fuese mía, porque él hace camino en donde no hay alguno.

Si una puerta cerró para ti, no te rindas. La misma puede abrirse. No descartes tu oración por esa petición que no viste cumplirse. Tampoco cierres tu corazón a lo que Dios tenga que decirte, porque de tal asunto sabe Él. Dale la oportunidad de dirigir. Recuerda… puerta que Él abre, nadie la podrá cerrar; como también puerta que Él cierra, nadie la podrá abrir.

¡Dios sea siempre tu ayuda!

Shirley

© 2017 Pote de Sal

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