Esta vez alabaré al Señor

Lea, la esposa de Jacob, no era la amada. Jacob tenía dos esposas, Lea y Raquel (Génesis 29:15-30). Lea fue su primera esposa y luego Jacob se casa con Raquel, quien era la que verdaderamente amaba. Lea tuvo hijos con Jacob, con la esperanza de que ante el fruto de una unión marital y sexual, Jacob llegara amarla, sin embargo, Lea quién era fértil, tenía el corazón seco. Su historia marital fue sellada por el desprecio de su esposo. El sentimiento de rechazo le fastidiaba su existencia hasta el día que tuvo el cuarto hijo, Judá (Gén. 29:35).

Cuando Judá viene al mundo y, Lea lo ve, exclama; “¡Esta vez alabaré al Señor!” (Gén. 29:35 NVI). Es por esta razón que le llamó Judá (en hebreo, tiene un sonido parecido al verbo que significa “alabar”).

«Lea volvió a quedar embarazada, y dio a luz un cuarto hijo, al que llamó Judá porque dijo: «Esta vez alabaré al Señor.» Después de esto, dejó de dar a luz.» Génesis 29:35 NVI

La alabanza no es el resultado de una victoria, pero sí su causa. La alabanza fluye desde el valle del dolor, florece desde las espinas del sufrimiento. La alabanza nos pone por encima al sufrimiento, nos sincroniza nuestro corazón al corazón de Dios. La alabanza no es para torcer el brazo a Dios para que nos bendiga, es para encajar en su soberana voluntad.

Utilizando la lupa del Nuevo Testamento, veo un detalle que quizás puedo pasar por alto, Jesús, el Salvador, el Mesías, el Cristo, viene del linaje de Judá (Mateo 1:1-3).

“Abraham fue el padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos; Judá, padre de Fares y de Zera, cuya madre fue Tamar; Fares, padre de Jezrón; Jezrón, padre de Aram;” Mateo 3-1:2 NVI

¡Qué hermoso! Por medio de Jesús, podemos convertir nuestro duelo en vida, nuestra tristeza en gozo, nuestras lágrimas de desprecio en lágrimas de inclusión, su muerte y resurrección brinda la esperanza que aún en la crisis debo mirar al cielo y elevar una alabanza. Jesús, como descendiente de Judá nos deja claro que cura nuestro dolor, seca nuestras lágrimas y restaura un corazón despreciado. Es por eso que hoy clamo como Lea; “¡Esta vez alabaré al Señor!”. Te invito a que clames porque; ¡tu dolor se convertirá en gozo! Esta vez alabaré al Señor.

Pastor Peter Rivera JR.

©2018 Pote de Sal

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