Quietud

Estad Quietos y conoced que yo soy Dios, seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” Salmos 46:10– RVR 1960

Entregándoles mi total honestidad, admito que increíblemente para éste escrito, ya tenía el tema (la parte más difícil), aún con posesión de lo que me activa nervios, los pensamientos inundaban mi mente provocando un salto de mis emociones a reflexión. Esto causado por el mayor evento de confrontación que he tenido de parte del Padre, en mis años de vida.

¿Qué tal cuando Dios te pide un voto de confianza y te exhorta a mantenerte en quietud en medio de un valle de huesos secos? (Ezequiel 37) – difícil, lo sé.

A pesar de la complejidad que conlleva este acto, Dios se empeña en que tengas presente que al entrar en ésta sumisión, Él te mostrará cosas que no están a tu alcance. Recientemente pude entrar en ese mundo fascinante (aún lo estoy digiriendo, pero admito me encanta), a lo que quizás para muchos sería algo experimental, y me llamó la atención la insistencia y las diversas
maneras donde Dios se encargó de hacerme entender que no importa el panorama, Él quiere que le entreguemos nuestras cargas para luego mostrarnos el resultado final, uno que sin lugar a dudas, superará por mucho lo que le entregaste. Lo veo de ésta manera, te entrego mi carga, me sujeto a ti, estás conmigo en toda la travesía y finalmente te glorificas a través de lo que me has de entregar. Cuán grande es Él!

“Deja tus preocupaciones al Señor, y Él te mantendrá firme; nunca dejará que caiga el hombre que lo obedece” (Salmos 55:22 / DHH)

Ser hijo de Pastor y extenderle una invitación a preservar la tranquilidad y quietud en momentos tan impredecibles a los que nos enfrentamos y para completar, son tan constantes como una jornada de trabajo, realmente sería como pedir la paz mundial. Sin embargo, es una etapa que trae refrigerio y que aporta innumerables beneficios a tu vida. Cuando le abres la puerta a la quietud, una vez hace acto de presencia, llega para provocar una nueva actitud en ti, un desarrollo desconocido, una confianza inquebrantable y un estado de avance.

Aún dentro de ésta elección (provechosa si lo internalizas), la quietud es el momento donde
puedes disfrutar y deleitarte en el plan de Dios para tu vida, que siempre será uno perfecto. En ésta “paralización” encuentras descanso, te liberas de las cargas pesadas tomando la mejor postura de entrega al que Todo lo Puede. Es aquella posición que te brinda el alcance de
reflexión para empoderarte.

En su libro “Un Lunes con mi viejo Pastor”, el escritor Jose Luis Navajo hace un descubrimiento de sus ancianos Pastores que comparte en la siguiente cita “Supe, sin ninguna duda, que habían convertido esa quietud en altar y ese silencio sagrado en adoración”….en otras palabras, este par de catedráticos de la vida cristiana al igual que el gran escritor, aprecian la quietud como algo respetable, a lo que hay que rendirle importancia y llevar a cabo; indiscutiblemente Dios nunca te hará una recomendación de algo que no sume a tu vida…Que gran enseñanza!!!

Con el ánimo de que puedas contemplar un ángulo quizás desconocido y a la vez alentador, vamos a fragmentar el versículo de “Estad quietos” en tres partes:

  • Estad Quietos – Implica entrar en una fase de rendición, de neutralización, de análisis, de confianza atado a nuestra fe.
  • Conoced que yo soy Dios – Llevar a cabo una inspección en tu vida, para dar paso a reconocer y honrar al dador de la vida.
  • Exaltación – El mayor de los tributos, una adoración plena que te conecte al cielo.

Él te hace una invitación exquisita, que dentro de ese “detente”, le entregues todo, pero que aún en medio de esa postura de entrega y descanso, no pases por alto honrar su lugar y quién es Él en tu vida, para que alcances el nivel de exaltación que solo Él merece.

Dios quiere pactar contigo en la medida que le obedeces y la quietud es parte de tu confianza en Él; créeme, toda obediencia es recompensada con innumerables bendiciones a tu vida. Estar quietos asume riesgos, pero te confieso que te acercará más a Dios de lo que puedas suponer. Él te llama a tener una quietud genuina y no perecedera.

Complicada pero no imposible, incomprensible pero reparadora, desesperante pero necesaria….así es la quietud.

Con cariño,
Betzy

© 2018 Pote de Sal

Un comentario en “Quietud

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