De-cierto

Todos de una forma u otra, podemos decir que hemos pasado por el desierto. Aunque esto no signifique que literalmente caminamos por una tierra árida, seca y caliente. El término desierto es el que se utiliza en muchas ocasiones para nombrar un tiempo doloroso. Los tiempos de dolor no están reservados para un grupo selecto de personas, a todos nos llega el tiempo de llorar, sufrir y sentir que se nos desgarra el alma. Te mentiría si te digo que los cristianos solo verán la tristeza, el desempleo, el desasosiego, la depresión y las frustraciones de lejos, debido a que por ser hijos de Dios estaremos dentro de una burbuja que nos liberará de todo lo que nos lastima.

…Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual.” Marcos 5:45b (NTV)

En ocasiones sufrimos por lo que le sucede a una persona que amamos, en otras por algo que no sucedió que anhelábamos con todo nuestro corazón; y en otras ocasiones por cosas que hicimos que desencadenaron en consecuencias que no queríamos, y denominamos “el error que cometí”. Este último es uno de los dolores más paralizantes y auto-destructivos, es cuando nos llevamos nosotros mismos al desierto. ¡Qué difícil perdonar el propio error!

Muchas personas, incluso líderes con gran potencial han tenido tropiezos en su caminar y por su dedo acusador no han podido levantarse. No aceptan perdonarse, ya que sus decisiones los arrastraron al desierto de la vergüenza, la culpa y la minusvalía. Olvidando que existe un Dios que está totalmente disponible a restaurar, levantar, sanar y perdonar instantáneamente.

“Hijo… Cuando sólo ves tu dolor, me pierdes de vista.” – The Shack (película)

Mirando desde otra perspectiva el desierto, podemos descubrir que el dolor encierra un poder de crecimiento en nuestras vidas como ningún otro. He sido testigo de ver al dolor convertirse en la fuerza que lleva a una persona a orar, clamar y rendir su vida ante el Creador; así como sucedió con uno de los malhechores que fue crucificado junto a Jesús. Estando en su condición de dolor, humillación y vergüenza le hace una petición a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Él pudo haberse quedado en silencio y recibir al castigo como lo único que merecía. Sin embargo, él decidió hacer un último intento, una última petición. Recibiendo la respuesta más maravillosa que alguien pueda recibir; Jesús le dijo: De-cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lucas 23:43 – énfasis añadido)

Este hombre estaba viviendo lo que socialmente era considerado el peor tiempo, el peor escenario. El momento en que públicamente lo estaba haciendo pagar por todo el mal que hizo, avergonzándolo y crucificándolo, paradójicamente fue preciosamente transformado en el punto más alto de su vida, con tan solo elevar una última petición ante Jesús. Su cruz fue lo que le permitió estar cerca del que podía perdonarle y decirle sin engaño: De-cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Pd. Por difícil que sea tu desierto, puede que esté llevándote a cercanía con Jesús y de-cierto te bendecirá. ¡No menosprecies tu proceso!

Con amor,
Jennifer

© 2018 Pote de Sal

Un comentario en “De-cierto

  1. Tremendo escrito que nos recuerda la necesidad de entrar en procesos en determinados momentos de nuestra vida y como aún estando en ellos debemos seguir confiando en las promesas del Señor contando con Su control, misericordia y compañía.
    Bendiciones!
    -BR

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