¡Del dolor al perdón!

Hablaba en días recientes con una persona muy especial para mí, y le explicaba la importancia de amar al prójimo. A mi prójimo con el que estoy en paz, al que le brindo mi amistad, a ese vecino con el que comparto un poco de café, pero también al prójimo que se levanta contra mí, al que me señala, al que me calumnia, sí, a él es necesario amarlo. Véase 1 de Juan 4:20.

Me tomó por sorpresa cuando esta vida me pregunta, Bethzaida pero tengo que  perdonar? Pregunta interesante, no? Firmemente respondo, sí, hay que perdonar, si no perdonas no puedes amar. Jesús perdonó multitud de pecados, se hizo carne y a través de su perdón hoy alcanzamos el más preciado regalo, la salvación.

Existe un texto bíblico que lo hice parte de mi vida y quiero que al igual que a mí, bendiga tu vida, “Todo obra para bien” (Romanos 8:28). Con este pasaje crecí y me he desarrollado. Hubo muchos momentos donde me cuestionaba, que como era posible que todo obrara para el bien del ser humano, hasta el dolor. Cuestionamientos que nos llegan a todos. Al cabo del tiempo y a través de esos momentos que llegan para sacarte de tu zona cómoda, logras abrir los ojos y tener otro tipo de visión, puedes apreciar que el mar nunca será consistente en su comportamiento, que sus olas y los golpes que éstas producen siempre van a variar, pero que al final la calma llegará.

Cuando se habla de un sentimiento como lo es el dolor, sabemos que no se escoge sino que llega buscando una posición, un momento. Siendo sinceros, a quien le gustaría escoger el dolor? Creo que a nadie. En cambio el perdón manifiesta en la vida, libertad. Cristo pensó tanto en nosotros, que lanza una encomienda en estar limpio de corazón (Prov. 4:23). El rencor/dolor enferma. “El perdón es algo más que medicina, el perdón es vida” (Libro: Todo es por gracia).

Es posible que el dolor sea demasiado fuerte y que tengas laceraciones tan profundas que nadie las pueda ver, pero si alguien sabe de dolor, heridas, y del perdón se llama Jesús. La persona perfecta para mostrarte empatía y que te acunará en sus brazos para darte paz y decirte “Hijo mío disfruta de mi amor, yo estoy contigo y sanaré tu dolor”.

Esperanzada está mi alma, en que estas letras sirvan de ungüento a tus heridas. Te comparto este pensamiento del gran José Luis Navajo – Libérate del peso del rencor mediante la sublime tijera del perdón. Durante un huracán son los árboles más rígidos los que se quiebran, la hierba flexible permanece.

Finalmente te afirmo que el dolor llega de una forma pasajera, más el perdón es eterno. Regala el perdón, se libre y vive!

Con todo el cariño,
Betzy

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