Serie Machos Alfa: Altamente Calibrado

Les había compartido anteriormente acerca de mis años en el servicio militar y sobre algunas de las experiencias que viví al utilizar ese uniforme. Recuerdo que íbamos bastante seguido al campo de tiro, para practicar con nuestros rifles. Ya nos sentíamos expertos en el proceso  estábamos listos para estar largas horas en el campo, sin sombra, dependiendo el lugar donde nos encontráramos estaríamos bajo un frío “pelú” o un calor de esos que te hacen pensar que provienen del infierno. No existía ese “happy medium” sabíamos que la experiencia de ir al campo de tiros dentro de una base militar traería una carga ese día. No les miento muchas veces lo disfrutábamos, otras era un martirio estar tantas horas disparando y ajustando el rifle hasta que diera en el blanco, algunos rifles eran viejos y daban mayor trabajo. A esto quería llegar y es qué disparábamos nuestros rifles no solo para practicar, sino que el proceso para que diera al blanco significaba múltiples intentos para poder agrupar los disparos. Estos ajustes ya fueran grandes o pequeños nos acercaban a poder atinar al blanco.

Este proceso de comparar los resultados obtenidos con los deseados y correspondiente lo podemos definir como calibración. Por medio de pruebas y ajustes a un instrumento se le podrá dar la mayor exactitud posible a su uso o propósito. ¿No se te parece esto, a lo que Dios hace en nuestras vidas? Esta es la manera de Dios de trabajar en nosotros, de hacernos crecer, y cumplir su propósito en nuestras vidas. En ocasiones puede ser un proceso doloroso, agotador, pero finalmente será uno gratificante. Son estas situaciones las que nos retan a crecer, a aprender, a aferrarnos y depender más en Dios. En su control y su buena voluntad hacia nosotros. Siendo honesto es muy difícil ver las cosas de esta manera cuando la adversidad toca nuestras puertas, cuando las cosas se salen de nuestro control y la vida no nos hace sentido. Cuando la enfermedad llega, cuando un ser querido nos traiciona o nos lástima con sus acciones. Cuando el estrés nos ahoga y las situaciones nos quitan la paz, el gozo y la esperanza. Somos humanos, somos seres emocionales por supuesto que las situaciones nos van afectar, pero Jesús nos promete que todo obra para bien (Romanos 8:28), que debemos confiar en él.


Hermanos en Cristo, ustedes deben sentirse muy felices cuando pasen por toda clase de dificultades. Así, cuando su confianza en Dios sea puesta a prueba, ustedes aprenderán a soportar con más fuerza las dificultades. Por lo tanto, deben resistir la prueba hasta el final, para que sean mejores y puedan obedecer lo que se les ordene.


Santiago 1:2-4

Ahora bien, no estoy diciendo que todo lo malo que viene a nuestras vidas proviene de Dios, hay muchas cosas que son consecuencias de nuestras acciones, pero Dios permite estas cosas, estas situaciones y pruebas, para trabajar en nuestro carácter y nuestros corazones. La biblia esta llena de ejemplos de hombres ordinarios que fueron transformados por medio de los ajustes que Dios hizo en sus vidas. En Filipenses 1:6, Pablo nos recuerda que la obra que comenzó Jesús en nosotros la irá perfeccionando hasta su regreso. La única manera de Dios perfeccionarnos es a través de las pruebas, es su manera de calibrarnos, de hacer esos ajustes necesarios para poder atinar al blanco. Para cumplir su propósito en nosotros, para llegar a ser eso para lo cual nos creó. Estos son los procesos que Dios utiliza para moldearnos, para sacar lo que no le agrada de nosotros, lo que nos estanca y lo que no permite darle lo mejor de nosotros. Su deseo es ser nuestro refugio, socorro y pronto auxilio. Para que aprendamos, para que nuestra fe crezca y para que podamos dar testimonio de lo que él esta haciendo en nuestras vidas. Quisiera compartir esta cita con ustedes de José Luis Navajo, escritor del libro “Lunes con mi viejo pastor”.


Lo que consideramos incomodas tempestades, son con frecuencia, soplos de viento que reconducen nuestra barca a importantes puertos a los que jamás habríamos arribado de haber tenido una placida travesía.

José Luis Navajo

Un abrazo fuerte,
Darío

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