Mi rol en la relación

Una pregunta que pasa muy a menudo por la mente de nosotros al comenzar una relación, sobre todo la de nosotras, es ¿cuál será mi rol en esta relación? También sucede al empezar un matrimonio, pero es más común de camino al noviazgo, especialmente la juventud cristiana.

Al comenzar mi noviazgo con el pastor, este tema era una gran interrogante. Primero, nunca había estado en un noviazgo cristiano, en el que se deben tomar decisiones correctas; segundo, nunca había estado tan cerca de un pastor como para comenzar una relación, mucho menos.

Así fue cómo comenzó esta búsqueda constante y, déjame decirte, permanente. Sí, es una pesquisa interminable, porque aún continúo aprendiendo. De eso se trata todo esto, de un incesante aprendizaje.

Una de mis primeras predicaciones en la iglesia la titulé “La manifestación de la ayuda idónea de un líder”. Tenía como objetivo enseñar a cómo ser la ayuda idónea en una iglesia. Es curioso porque este tema de “ayuda idónea” es uno de los más buscados en internet y, a pesar de que escribí sobre eso anteriormente en mi blog, me pidieron que continuara aclarando.

Lo primero que debo aclarar sobre este tema, y es lo fabuloso de todo, es que no solo aplica para la mujer, sino que también funciona para el entendimiento de los hombres. Gracias a los avances políticos, en el siglo 21 hay algo fantástico llamado igualdad, lo que da como resultado
en una relación el trabajo en equipo.

Segundo, es importante entender las definiciones y las raíces de estas palabras.

“Ayuda” en hebreo es ézer, lo que significa “socorro”. Esto quiere decir que ser la ayuda de alguien es ser su refugio, su escudo. Con idónea, se refiere a que es adecuado y apropiado para algo.

Cuando escuchamos la frase “ayuda idónea”, rápido nos llega a la mente el papel de la mujer en el matrimonio. En el libro de Génesis, leemos que Dios se compadeció de la soledad de Adán y Él resolvió su estado proveyéndole una compañía. En nuestro mejor estado en este mundo, tenemos la necesidad de ayudarnos unos a otros. Solo Dios conoce perfectamente nuestras necesidades y es perfectamente capaz de proveer cada una de ellas, lo cual siempre termina edificándonos.

Según la Real Academia Española, “edificar” significa infundir en alguien sentimientos de piedad y virtud. Incitar a alguien a obrar con virtud.

Romanos 15:2 dice: “Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación”.

Así que, ¿cómo podemos comenzar a ser una ayuda idónea? Edificando. Si te preguntas de qué manera puedes o debes edificar a tu pareja, puedes acudir a Efesios 4:29-32. Mejor no lo pudo haber explicado.

Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan. No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención. Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Aparte de socorrer y edificar, algo que he aprendido en mis años de relación es que para ser ayuda idónea debe haber servicio. El servicio no se debe confundir con esclavitud; no es estar a merced de tu pareja. Un ejemplo vivo de lo que es el servicio, para que se entienda su simpleza es algo que he vivido. Los días que mi esposo no trabaja, por las mañanas mientras me preparo él me hace el café. Cuando salgo de bañarme, hay una taza de ese dulce maná del cielo esperándome.

El café es mi estilo de vida, y alabo al Señor por esa divina creación. Mi esposo lo sabe y además reconoce que es crucial que lo beba por las mañanas. Como servicio, él me prepara una taza para ayudarme y avanzar ese paso. Yo tengo que reconocer que el servicio aún no es mi fuerte y debo aprender de lo servicial que él es conmigo. Y no solo él, “Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28).

También, otro punto que aprendí como parte de ser ayuda idónea es el sacrificio. Es un sacrificio y por eso puede que irrite. “Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos” (1 Pedro 2:21). Jesús hizo el sacrifico más grande y está claro que no hay nada que nosotros podamos hacer que sea más de lo que Él ya hizo por nosotros. Sin embargo, lo que he aprendido de Jesús es que muchas veces, como excelente maestro, él tomaba acciones para que nosotros siguiéramos su ejemplo.

En las relaciones, hay muchas cosas por las que no quisiéramos atravesar, que quisiéramos que fueran más fáciles y menos complicadas. Sin embargo, todas las dificultades son parte del sacrificio que hacemos para mejorar nuestra relación con nuestra pareja. Si todo fuera arco iris y nubes en nuestro noviazgo, no hubiera crecimiento. De todo esto es que se trata ser la ayuda idónea para tu pareja, y ese es el rol que debes asumir en tu relación.

Un abrazo,
Isa Figueroa, La Novia del Pastor

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