¡Que suene la música!

En las tardes, cuando llego de trabajar, siempre tomo unos minutos para tocar el piano. Es una de mis mejores terapias. Hace unos días, mientras tocaba una de mis canciones favoritas de navidad, pensaba que a pesar de lo desafinado que estaba el piano, aún podía sacar una agradable melodía de él.  

De pronto me sentí como ese piano, algo desafinado, con algunas cuerdas rotas y con la necesidad de ciertos ajustes. Sin embargo, aunque en este momento no está dando el mejor sonido, no ha dejado de ser lo que es, un instrumento.

Mateo 5:13 dice: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero ¿para qué sirve la sal si ha perdido su sabor?”. 

Muchos de nosotros, durante este año hemos vivido experiencias que nos han movido el piso, que han desafinado las cuerdas de la esperanza, de la paciencia y de la fe. Hemos sentido que la sazón se ha perdido. Sin embargo, por alguna “extraña” razón no hemos podido dejar de hacer eso para lo que hemos sido creados. 

Resulta que nuestra esencia no se ajusta a lo que sentimos, a lo que nos pasa o a lo que podemos planificar, sino a lo que somos y de quién somos.
Efesios 2:10 lo expresa de la siguiente manera: Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Vamos, es más fácil sentarnos a llorar y fijarnos en todas las cosas que aún no hemos hecho, en lo que no salió bien, en aquello que nunca pasó. ¿Sabes? Nada de eso nos define. Lo que sí muestra nuestra esencia es que, aunque las cosas no pasaron como las planificamos, avanzamos. A pesar de que recibimos un golpe que no esperábamos, aún estamos aquí. Aún cuando las fuerzas desaparecieron, permanecimos. 

Quiero compartir contigo tres principios que me han ayudado a seguir siendo sal y sonando mi mejor música en medio de los procesos difíciles:

  1. + Convicción – Emoción: Cuando accionamos porque estamos convencidos de algo, será más fácil ser constantes en el camino, pues las emociones cambian, pero las convicciones permanecen.

  2. Descansa en las promesas: Cuando las cosas se ponen difíciles y humanamente no sabemos cómo resolver las situaciones, recuerda las promesas que Dios ya ha hecho para ti. Él siempre cumple. Recuerda que descansar en Dios en los momentos de crisis es también un acto de fe. 

  3. No dejes de hacer lo que tienes que hacer: No siempre daremos un 100% en nuestro rendimiento. Habrá momentos que solo podemos hacer solo un 5%, aún así, eso bastará para que otros disfruten del sabor de la paz y gozo de Cristo en nuestra vida, pues no se trata de nosotros, sino de Él. 

Al final del día, somos mejores cuando no dependemos de nosotros mismos, sino de Dios. Nos perfeccionamos cuando menguamos y dejamos que él crezca. Crecemos cuando nos movemos por lo que creemos y no solo por lo que sentimos. Nuestra melodía se perfecciona cuando aprendemos a ser el instrumento y dejamos que Él sea el artista. 

En este nuevo año, si vas a tener alguna resolución que por favor sea seguir siendo sal para un mundo que necesita sabor. No dejes de dar música a un mundo arropado de tanto dolor.  Dios se encargará del resto. 

¡Que suene la música!

De todo corazón,
Miredys Valcárcel

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