Jericó

En el transcurso de nuestra vida vamos pasando por experiencias no muy buenas que nos llevan a construir muros. Estos muros van creando barreras en nuestros corazones que impiden que podamos ser transparentes con el Padre y ver sus promesas cumplirse.

Mientras reflexionaba sobre esto, el Espíritu me recordó cuando el pueblo de Israel estaba por conquistar a Jericó; una ciudad con una gran muralla que, para ellos poder entrar, debían derrumbarla. Hago un pequeño resumen:

Jehová le promete a Moisés, y al pueblo de Israel una tierra que el separó para que ellos vivan allí en amistad con Él por siempre. El único detalle es que el pueblo de Dios tenía que luchar por esa tierra ya que estaba habitada por otras personas. Jericó cae dentro de este territorio. Aquí es donde entra Josué, ahora líder de Israel luego de la muerte de Moisés. En el libro de Josué capítulo 6, versículo 2 dice: “Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra”. Ya había una promesa dada. Estoy segura de que en lo físico Josué veía esa muralla que parecía impenetrable; pero decidió creer y marchó con el pueblo de Israel alrededor de la muralla una vez cada día, por siete días. Hasta que en el séptimo día dieron siete vueltas. A la séptima, dieron un grito y los muros se derrumbaron y el pueblo del Dios viviente tomó Jericó: “Entonces el pueblo grito, y los sacerdotes tocaron las bocinas y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, grito con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron” (v. 20).

Mi punto con este pasaje bíblico es decirte que el mismo efecto que tuvo el grito de Israel en las murallas de Jericó, lo tiene tu adoración. Construimos esos muros de miedo, inseguridad, coraje, rencor, tristeza, ansiedad y falta de fe; cuando nos damos cuenta, tenemos toda una muralla alrededor de nuestro corazón que no nos permite experimentar las cosas hermosas de Dios para nosotros.

Con tu adoración puedes provocar que esas murallas se caigan, se derrumben delante de ti. Para poder acercarnos más a Papá, debemos derrumbar primero ese muro que nos esta separando de Él.

Te invito a que leas con detenimiento el capitulo 6 del libro de Josué en tu biblia y que mientras vayas leyendo, visualízate tú como Josué ¡Identifica esa muralla que sabes que está tratando de separarte de tu promesa y DERRIBALA!

La adoración es producto de un corazón agradecido en medio de las circunstancias. Cuando nuestros ojos están viendo lo peor, nuestro corazón debe estar mirando el porvenir de Dios y celebrando esa victoria.

Decídete hoy a conquistar tu Jericó y celebra ya esa victoria.

Sigue adorando,
Daina Liz

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