Callando el corazón

Estad quietos y conoced que yo soy Dios

Salmos 46:10

Dios me ha estado enseñando mucho en lo que es estar conscientes a la hora de adorar. Adorar no es simplemente cantar una canción porque te gusta, sino que las palabras que estén saliendo de tu boca, en realidad estén saliendo de tu corazón. Ahora, no te sientas mal, porque somos humanos, cuando tu mente se distrae y se va a pensar en otra cosa: una preocupación, un problema corriente, o quizá que estas ansioso por algo que ni ha ocurrido, pero ya te has hecho la “película” en la mente. Recuerde cuando Jesús dijo que “en el mundo tendréis aflicción…” (y lo que me encanta de Jesús son sus “peros”) “PERO confiad, yo he vencido al mundo”. Y ese es mi “punta pie” para el punto que te quiero traer: callar el corazón.

El corazón trabaja en conjunto con nuestra mente, y la mente se tiene que regir por lo que dice el espíritu, que es el que nos conecta a Dios. Si la mente no se deja llevar por el espíritu, la mente comienza a crear escenarios que no permiten que nuestro corazón sintonice al del Padre llenándolo de ansiedad, miedo, rencor, enojo, y todas esas cosas que el enemigo quiere que sientas. ¿Por qué el enemigo hace eso? Por que él sabe que, como en la oración, hay poder en la adoración. Cuando adoramos le estamos diciendo al enemigo que en el momento que nos quiere ver llorando, nosotros estamos poniendo toda nuestra confianza en Papá; y eso le quita mucha fuerza sobre nuestras vidas porque pasamos por las pruebas viendo con otro lente.

¿Y como se calla un corazón hablador? El corazón hablador es ese que no deja a Dios hablar. Que comienza a desbordar todos esos problemas y no se toma un momento para escuchar. Primero debes respirar hondo y relajarte. Comienza a darle gracias a Dios; la acción de gracias es adoración, es reconocimiento de que todo lo que tienes es gracias a Él. Exáltalo por quien es, por quien fue y seguirá siendo. Y verás que, sin mencionar ninguna situación o preocupación, ya has creado la atmosfera correcta para que Dios hable y sentirás como tu corazón se ablanda delante de Su presencia. Ya sea en tu hogar o en tu congregación, inténtalo. En un tiempo de adoración, tu conoces más sobre Su carácter y Su corazón, por eso es importante escuchar lo que tiene que decir.

Cuando tu estas quieto, Él se mueve. Cuando guardas silencio, Él habla.

¡No dejes de adorar!
Daina Liz

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