Nada que esconder

¿Creen ustedes firmemente en ser la misma persona con todos los que le rodean? Con esto me refiero a comportarse y hablar de la misma manera con todo el mundo. En mi caso, opino que no. No soy la misma con todos, porque no tengo confianza con todos y esto no significa que me falte transparencia alguna, o que viva una “doble vida”. Con algunas personas, puedo ser la chica divertida, cómica y extrovertida que soy, porque les tengo confianza; mientras que con otros, debo mostrar mayor seriedad o ser lo menos cómica posible (los que me conocen, sabrán que esta es una tarea difícil). Y no lo veo mal, pues la misma Palabra de Dios en Eclesiastés 3 nos habla de que todo tiene su tiempo. Nosotros decidimos quiénes ser y cómo ser ante la gente… es la realidad. Hay quienes deciden ser diferentes ante ciertas personas por miedo al qué dirán de su verdadera identidad o porque algo de ellos desean esconder. 

Pero, ¿qué tal con Dios? ¿Quiénes reflejamos ser cuando estamos ante Él? Con él, la dinámica es distinta. Estamos hablando de alguien que, primero, nos crea, por lo que conoce nuestras virtudes y defectos. Segundo, dentro de todo lo que él es, es Omnisciente (lo sabe todo), por tanto no hay mentira, ni excusa que valga ante su presencia. Dios conoce nuestros pensamientos y anhelos. Por tanto, no hay nada que se pueda esconder ante Él.

Esto me gusta, porque significa que no debo esforzarme en sorprenderle, ni preocuparme por si le agrada o no lo que ve en mí, pues sé que no me rechaza. 

“Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.”

Hebreos 4:16 NTV

Con Él, podemos ser quienes somos, acercarnos tal y como somos sin temor a ser juzgados. Si nos acercamos con sinceridad y en humillación, su Espíritu Santo trabajará las áreas que necesiten ser fortalecidas en nuestras vidas. Creo firmemente en esto porque lo he vivido, y he visto cómo Dios trabaja en mi ser al yo presentarme tal como soy, sin excusas o mentiras. 

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”

Salmos 51:17

Por eso, te invito a que te acerques con humildad y transparencia ante Dios, y le cuentas todo lo que quieras. Te aseguro que estará esperándote, para escucharte, porque con él no hay necesidad de esconderse. 

Bendiciones

Shirley Figueroa

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