Un amigo como Jesús

En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.

Proverbios 17:17 RVR1960

El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano.

Proverbios 18:24 RVR1960

Recientemente la sociedad de jóvenes de nuestra iglesia tuvo un servicio dedicado a celebrar la amistad. Fue mi responsabilidad moderar este servicio, lo cual conlleva darles la bienvenida a los invitados, presentar las diferentes participaciones de aquel servicio, hacer una oración de inicio, entre otras cosas. En un momento dado, mientras le hablaba a la iglesia sobre las características de la amistad de Jesús, meditaba en mi corazón lo difícil que la amistad ha sido para mí a través de los años, y cuánto aún me falta por crecer en esa área de mi vida. Digamos que, por diversas razones, no es el departamento donde más éxito he tenido.

Llegó el momento de la predicación. Con cada palabra del ministro, no tuve dudas de que Dios había venido a hablarme. Hay varias cosas que el predicador resaltó sobre la verdadera amistad, las cuales compartiré contigo hoy.

 Antes que todo, recordemos por un momento que, para Jesús, no hubo título más alto que el de “amigo” (Juan 15:15-16). Por ahí escuchamos mucho que el amigo es “un peso en el bolsillo”. La realidad es que socialmente hemos desvalorizado tanto este concepto que ya no reconocemos su verdadera importancia. No a cualquiera se le puede llamar amigo, y ser llamado amigo por alguien más, es uno de los privilegios más hermosos que podamos recibir. Jesús lo sabía muy bien. Después de todo, ¿Qué mejor ejemplo que Jesús? Sin embargo, una de las cosas que más me caló el corazón durante la prédica de aquella noche es que Jesús escogió como amigos a personas que, al menos según mi criterio, serían las menos indicadas. ¿Un Pedro impulsivo? (Lucas 22:33, Juan 18:10) ¿Un Juan colérico? (Lucas 9:54) ¿Un Judas traidor? (Juan 13:11). O sea…

Pero el Señor me inyectó una dosis de humildad, porque, ¿Acaso soy yo diferente a alguno de estos hombres? Sin embargo, Dios me eligió a mí, al igual que a ellos, para desarrollar una amistad. Habiendo dicho esto, he aquí tres cosas que debemos aprender si queremos ser amigos como Jesús:

  1. La verdadera amistad se caracteriza por un amor profundo.
  2. La verdadera amistad se caracteriza por el desprendimiento sincero.
  3. La verdadera amistad se caracteriza por el perdón extravagante.

#1: Un Amor Profundo

Decía el predicador aquella noche: “El amor no es para satisfacernos a nosotros mismos”. Y aunque puede ser que te choque esta expresión, quiero que te mantengas enfocado(a) en el ejemplo de Jesús. No es que el Señor no se deleitaba en tener buenos amigos. No es que hoy por hoy toleremos conductas que sabemos no son saludables. Pero el amor profundo y maduro no busca simplemente su propio placer o beneficio (1 Corintios 13). Esto significa que habrá momentos donde amar a otros será, como dice el gringo, “a walk in the park”, y otras veces, por no decir la mayoría, el amar nos va a costar. Porque no somos perfectos. Porque somos humanos, y sobre todo pecadores. Cometeremos errores. Heriremos, y seremos heridos. Muchas veces profundamente. Esa fue la experiencia de Jesús. No porque Jesús haya amado a sus amigos como nadie más podía hacerlo fue librado de ser abandonado por aquellos que, en un momento dado, prometieron ser siempre fieles. Sin embargo, Él siempre mostró un amor profundo, lleno de compromiso. Tanto así que murió la muerte que les tocaba, para poder librarlos de sus pecados (Juan 15:13, 1 Juan 4:9). Con esto entendamos que, para poder experimentar las bendiciones de una amistad genuina, debemos estar dispuestos a amar profundamente, aun cuando sea difícil.

#2: Un Desprendimiento Sincero

El predicador continuó diciendo: “Nuestras amistades profundizarán a medida que demos más de nosotros mismos”. Todos hemos vivido lo siguiente: Quizás diste más de lo que debías dar en una relación de amistad, para que luego esa persona no valorara los secretos que le confiaste ni los esfuerzos que hiciste. Creo que no hay experiencia más dolorosa. Pero nuevamente pienso en Jesús. Él les confió a sus discípulos los secretos del Reino de Dios y las enseñanzas de su Padre. Les dio la dicha de caminar donde Él caminaba, dormir donde Él dormía, comer de lo que Él comía. Sin embargo, hubo un Judas, que cegado por la avaricia, cambió este tesoro por treinta piezas de plata (Mateo 26:14-16). ¡Fuerte!

La pregunta sería entonces, ¿Valdrá la pena ser desprendidos? Hay una canción de Jason Gray llamada “Fear is Easy, Love is Hard” que me gusta mucho, y dice así…

Es difícil dar tu corazón a un mundo que lo puede romper
Ofrecer tu amor a quienes temes lo puedan rechazar
Pero un corazón bien respaldado siempre buscará luchar
Aún en la guerra solitaria contra la noche sin terminar
Pero el amor puede hacer que la luz vuelva a brillar…

(Traducción del inglés)

Sin lugar a dudas el dolor que experimentaste fue fuerte y la decepción real, pero no te desalientes. No temas en dar de ti mismo(a) a otros, pues siempre habrá quienes de verdad aprecien lo que eres. Si tu corazón está respaldado por el profundo amor de Dios, aunque las acciones de otros puedan por momentos lastimarte, no van a definir tu valor. Siempre que lo hagas con sabiduría y sinceridad, valdrá la pena desprenderte.

#3: Un Perdón Extravagante

Cuando pensé que el mensaje no podía ser más desgarrador, terminó el ministro diciendo “A pesar de todo, debemos tener un amor que cubra multitud de ofensas” (1 Pedro 4:8). Es bien chévere cantar la canción de Marcos Brunet basada en este versículo, pero bien difícil aplicarlo a las relaciones de amistad.

Debemos practicar el perdón extravagante. No porque suene lindo, sino porque Jesús lo hizo y nos manda a hacer lo mismo (Juan 13:15, Mateo 6:14). Digo extravagante porque no es común en este mundo, por eso solo Jesús fue capaz de modelarlo. Digo extravagante porque a menudo, para poder conversar las amistades que realmente valoramos, tendremos que doblegar nuestro orgullo para poder ejercerlo. El perdón no es algo mono-facetico, y quizás, dependiendo del contexto, puede tomar diversas formas. De algo sí debemos estar seguros: Todos lo necesitamos, y las relaciones de amistad más valiosas se construyen sobre él.

Quizás hoy, al igual que yo, no te sientas en la mejor posición en cuanto a tus relaciones de amistad. Quiero que encuentres fortaleza y consuelo en lo siguiente: Tienes las herramientas necesarias para ser mejor, porque tienes el mejor ejemplo a seguir…el de Jesús. Estoy convencida de que estamos llamados, como hijos de Dios, a modelar la verdadera amistad al mundo. En un mundo cada vez más individualista, donde el amor es solo una palabra más, la verdadera amistad es como una joya en medio de los escombros. Así de valiosa es, y por eso cuesta tanto. Cuando se te haga difícil amar a otros, recuerda a Aquel que lo entregó todo para que pudieras acercarte a Él sin temor alguno y recibir amistad incondicional. Que su ejemplo nos sirva de aliento para no desistir y seguir dando por gracia lo que solo por gracia hemos recibido.

Dedico este artículo a ese Amigo maravilloso que nunca me ha fallado, y a todos aquellos amigos que, a pesar de mí, me siguen amando. GRACIAS.

Un amigo fiel es un refugio seguro; el que lo halla ha encontrado un tesoro. ¿Qué no daría uno por un amigo fiel? ¡No tiene precio! Un amigo fiel es como un remedio que te salva; los que temen al Señor lo hallarán. El que teme al Señor encontrará al amigo verdadero, pues así como es él, así será su amigo.

Eclesiástico 6:14-17 Biblia Latinoamericana

Paola Rosario

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