Salud mental y espiritual: Más allá de Lodebar

La Biblia cuenta una historia de un joven llamado Mefiboset, nieto de Saúl, el rey de Israel e hijo de Jonatán. Saúl, el abuelo de Mefiboset, hizo muchas cosas incorrectas durante su reinado, lo que le costó la vida y la de su hijo en la guerra contra los filisteos.

Para ese momento Mefiboset tenía cinco años. Al enterarse de la muerte del rey y su hijo, la niñera de Mefiboset lo tomó en sus brazos y huyó; pero al salir con tanta prisa, se descuidó y el pequeño se le cayó de los brazos, quedando lisiado de ambas piernas.

De alguna manera las circunstancias externas y las malas decisiones de terceras personas condenaron la vida de Mefiboset. Quedó huérfano, sin su familia y despojado de sus tierras, bienes, privilegios y aún de su salud. Finalmente, para esconderse de los enemigos de su familia, tuvo que refugiarse en una ciudad llamada Lodebar, donde un hombre llamado Maquir tuvo el gran gesto de cuidar de él.

Pasaron los años y el rey David, quién fue un gran amigo de Jonatán (el papá de Mefiboset), procuró por algunos de los familiares vivos, pues quería ayudarlos en memoria de su amigo. Fue entonces cuando David se entera que Mefiboset aún estaba vivo. Sin pensarlo lo mandó a llamar a su palacio. 

David le dijo:

—No tengas miedo, en memoria de tu padre Jonatán, voy a cuidar de ti. Voy a devolverte todas las tierras de tu abuelo Saúl, y de ahora en adelante comerás en mi mesa.

2 Samuel 9:7

Por mucho tiempo e injustamente, Mefiboset tuvo que refugiarse en Lodebar, una tierra severamente árida, hostil y seca, donde la hierba no crece ni la tierra produce fruto. Era una tierra que se encontraba en Galaad muy cercana al Mar de Galilea, también se hace referencia a ella con el nombre de Debir, este era un lugar sin condiciones para vivir digna o humanamente.

Y así como él, muchos se han refugiado en su propio Lodebar, un lugar donde los motivos de agradecimiento carecen, donde los seres que amamos están ausentes; un lugar muy lejos de nuestro hogar. Para muchos, Lodebar está relacionado con los zonas oscuras y dolorosas del ser, ese lugar donde no experimentamos crecimiento, donde sentimos que no hay espacio para la esperanza.

Cuántas personas han quedado heridas emocionalmente por acciones de terceros que injustamente han marcado su vida hasta el día de hoy. Abusos sexuales, físicos y psicológicos desde la niñez por parte de su familia, el impacto del divorcio complicado de sus padres, negligencia de sus cuidadores, violaciones, secuestros, círculo de poder y control, y traumas que no buscaron, pero han tenido que vivir.  

¿Sabes? Aún dentro de nuestras congregaciones existe ese Mefiboset que sigue refugiándose en su Lodebar, pues no sabe cómo salir de su oscuridad, de la aridéz de su circunstancia. La realidad es que salir de ahí por sí mismo, es muy difícil y hasta imposible. 

Pero quiero que recuerdes esto: En cada Lodebar de tu vida, Dios proveerá un Maquir para ayudarte. ¡No estás solo ni sola! 

Lo que me encanta de esta historia es que Mefiboset no estuvo en Lodebar para siempre. Un día, hubo un rey que se acordó de él. Le devolvió lo que le pertenecía y aunque Mefiboset se sentía indigno, tuvo un lugar para siempreen la mesa.

En nuestra vida, Jesús es ese gran Rey que se acuerda de nosotros. Él ha preparado una mesa para todos esos Mefiboset que por circunstancias de la vida se han refugiado en Lodebar y piensan que han perdido la oportunidad de sentirse aceptados, restaurados, abrazados y perdonados. (Hebreos 4:15 NTV)

¡NO! No pierdas la esperanza de volver a tu lugar. En la mesa de Jesús conocerás la misericordia, el cuidado, el sustento, la provisión, el perdón, la gracia, la restauracióny el amor de un gran Padre.

Lodebar podrá ser una temporada en tu vida, pero no tu destino. Jesús es la luz en medio de tu oscuridad. Él es tu esperanza en medio de tu dolor. Él es tu ayuda en medio de tu problema. Él es tu fuerza en medio de tu debilidad. 

Y tú, Maquir, mantente siempre con un corazón compasivo y sensible ante el dolor y necesidad de ese Mefiboset que Dios ha puesto en tu camino. Él te dará las herramientas para ayudar, para abrazar, para acompañar a quienes más lo necesitan. 

En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes.

1 Pedro 3:8 NVI

Miredys Valcárcel

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