Despojándonos del afán

La humanidad le ha tocado enfrentarse a cambios abruptos y de gran reto en los últimos años, parte de ésta transición ha desencadenado una postura de cuidado, que sin darnos cuenta va tomando el primer lugar en nuestras vidas; una que se ha colado sigilosamente y que está acaparando toda nuestra atención, el AFAN.

El afan es definido como “trabajar apurado / estar apurado”, pero una de las difiniciones que mas llamó mi atención fue “robar con habilidad y sin violencia”. Cuando aplicamos ésta definición a nuestro afan de dia a dia, puedo entender que se puede llegar arrebatar algo sutilmente y no de manera intencional.  Y es que a la vez que se crea ésta práctica sin darnos cuenta comenzamos a trabajar en contra de muchas áreas de nuestras vidas. Me refiero a que te vas desgastando en áreas que se llevan tu salud y hasta tu sonrisa.

El afan desestabiliza, también trae consecuencias y un precio muy alto a pagar. Jugamos con el ritmo de los tiempos, y en ocasiones se pierde de perspectiva detalles de alto valor que son fuente de aporte, como lo es el hecho de tomar unos segundos y simplemente disfrutar el respirar. Este ejercicio es el mas sencillo pero el que menos importancia se le da; y claro está, yo también he sido víctima de mi “afan”, me ha tocado experimentarlo.  Vivimos tan ajetreados que en ocasiones se nos escapa lo mas importante, disfrutar de la presencia de Dios.

Hay tareas, responsabilidades y movimientos que están situados sobre nuestros hombros, y por supuesto hay que cumplir con todos ellos.  Pero hoy solo piensa y analiza, dónde estás situado; que estás haciendo para no afanarte? Estás tomando tu tiempo para presentar tu día y agenda al Señor? Estás comenzando tu día agradecido? Estás tomando un momento para reflexionar? Estás haciendo un alto en tu día para disfrutar de la creación del Padre y disfrutarte a ti mismo?

Ahora bien, luego de esas preguntas y respuestas de tú a tú; no puedo pasar por alto una historia en la biblia que no podía quedarse fuera de éstas letras que hoy comparto contigo.  Marta era una gran mujer de Dios, ella al igual que sus hermanos María y Lázaro fueron grandes amigos de Jesús . 

En una ocasión, Jesús fue a visitar a éstos sus amigos, y María se sentó a los pies de Jesús para escucharlo.  Marta se estacionó en su preocupación y hasta llegó a quejarse con Jesús, porque su hermana no le estaba ayudando.  Me parece que Marta todavía no habia entendido lo majestuoso de ese momento, ella no tenía a cualquier visita en su casa, ella había recibido al Maestro.

Marta que estaba tan afanada y turbada, no entendía que solo una cosa era necesaria, y María habia escogido la mejor parte, y lo más grande que esa porción no le sería quitada. Que bendición para María estar a los pies de Jesús, tuvo que haber sido una verdadera experiencia. 

En otro momento dado tras la muerte de Lázaro (hermano de Marta y María), vuelve Marta a angustiarse y hacerle reclamo a Jesús, diciéndole que si Él hubiese llegado a tiempo, su hermano no hubiese alcanzado la muerte. Imagino al Señor diciéndole “Marta si el día que fui a tu casa no hubieses estado tan afanada, hubieras escuchado y entendido los misterios del reino y hoy estuvieras lista para la resurrección”.  A pesar de que María también le hizo el mismo reclamo, pero su postura me conmovió, María una vez más entendía que el lugar perfecto donde se entrega el afan, las preocupaciones y angustias, es a los pies de Jesús.

Esta historia me enseña que puedes tener a Cristo en tu casa y tristemente no darte cuenta, pero también que mientras los sentidos espirituales están conectados al Padre, se establece mayor relación con Él y mi fe no claudica.

Sin embargo, hay momentos donde Dios no evitará que pases por el valle, porque Él quiere entregarte un milagro mayor. Como en el caso de Lázaro, hay escenarios de muerte que no son el fin, sino la plataforma perfecta para que su Gloria sea manifiesta; Jesús nunca llega tarde.

¡Suelta el afán y disfruta de su presencia!


Con todo el cariño,
Betzy

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